Orden a seguir en 
la lectura de
San Juan de la Cruz
(José Vicente Rodríguez)*





1- ¿En qué orden hay que leer las obras de San Juan de la Cruz? ¿Hay que comenzar por la Subida-Noche? ¿Hay que comenzar por el Cántico Espiritual? ¿Por dónde hay que comenzar?


2.- Gabriel de Santa María Magdalena rozaba ya en su tiempo un poco este tema, hablando de ciertas personas que, aun sintiéndose atraídas por la fama universal del doctor místico "cuando tienen luego las Obras entre las manos, después de haber leído algunos capítulos, se cansan y las dejan". Piensan que el santo exagera y "que no es posible vivir en un aniquilamiento tan espantoso", como el enseñado por Juan de la Cruz. Y continúa diciendo: "A las personas que manifiestan de ese modo las impresiones de su primer encuentro con el santo, preguntadles qué obra del santo han leído, y os responderán sin duda: La Subida del Monte Carmelo. Ahí está la clave del misterio".


3.- Ya antes, en unas páginas aparecidas al frente de Obras Espirituais do Doutor Místico había escrito algo parecido, poniendo en contraste las reacciones de los lectores, según que hubieran comenzado a leer por la Subida o por el Cántico. Las traductoras del Carmelo de San José de Fátima le pidieron que les escribiese una páginas de introducción y se las envió.
Y la opinión personal del P. Gabriel es: "No hay que trabar el primer conocimiento con el santo a través de la Subida del Monte Carmelo; el primer libro que debéis tomar en las manos es el Cántico Espiritual. Os aseguro que la impresión que recibiréis será muy distinta".


4.- Otro gran filósofo y teólogo Pe. M. Teixeira -Leite Penido, cuenta de sí mismo: "E quem escreve, bem se recorda como, ao ler pela primeira vez a Subida, lancou-a de si e teve Joaó da Cruz por feroz e desumano". Pero añade a continuación: "Nem feroz nem desumano: "O coracao dos santos é liquido", dizia um deles, O Cura d'Ars...". Y terminó este doctor escribiendo un gran libro sobre San Juan de la Cruz, una vez que superó aquella su primera impresión desagradable.


5.- Hace unos años escribí Discusión sanjuanista amistosa (Con Olegario González de Cardedal) Le discutí varios puntos de la doctrina sanjuanista tal como él los entendía; y pasando ya a este tema del orden él anda proponiendo un "plan de lectura de los escritos sanjuanistas o el orden en su encuadernación", y piensa que "es más objetivo, primero por razones históricas de surgimiento y luego por razones teológicas de sentido, el comenzar las ediciones con Cántico y no con Subida y Noche. Ello ayudaría a una lectura más alentadora y a una comprensión más fiel de la propia experiencia sanjuanista". Creo haber aclarado suficientemente el tema en la discusión mencionada.


6.- Querer cambiar el orden en la publicación de los textos para que la gente no empiece leyendo la Subida me parece inútil e innecesario. Ya el padre Gabriel en las páginas introductorias a la versión portuguesa decía con gran sentido común: "antes de nada deseamos eliminar un prejuicio. Muchos creen que hay que leer necesariamente los tratados del Santo en el orden en que los encontramos en las ediciones". Prejuicio ciertamente inútil cuando es tan fácil comenzar a leer por donde uno quiera, cuando se trata de obras distintas; si tengo al principio la Subida nadie me impide que comience a leer por el Cántico; y si tengo al principio el Cántico puedo comenzar la lectura por la Subida o la Noche.





7.- En la mencionada discusión amistosa con don Olegario terminaba yo refundiendo ideas expresadas en 1987 y afianzándome en ellas, como voy a hacer aquí para clarificar debidamente el tema. En mi opinión el mejor camino en la lectura de las Obras de san Juan de la Cruz es seguir el orden cronológico. Con esto se pueden obtener todas las ventajas. Las cuestión está así: buena parte de las primicias literarias de Juan de la Cruz son sus poesías. En la cárcel compone gran parte del Cántico: 31 canciones, La fonte, Romance sobre el evangelio "in principio erat Verbum", Romance sobre el salmo "super ilumina Babilonis"...


8.- De la admiración que sentían los conocedores y conocedoras de los poemas sanjuanistas por las bellezas literarias encerradas en ellos nació en esos admiradores el deseo de conocer más a fondo y con más amplitud y profundidad los tesoros doctrinales y vivenciales o experiencias que contenían. Así comenzaron a nacer los grandes comentarios. Magdalena del Espíritu Santo pinta muy bien esa admiración inicial en un diálogo que mantuvo con el Santo. Refiriéndose al cuaderno de sus poesías que sacó fray Juan de la cárcel de Toledo, dice: "Este cuaderno que el santo escribió en la cárcel le dejó en el convento de Beas, y a mí me mandaron trasladarle algunas veces. Después me le llevaron de la celda y no supe quién. Causándome admiración la viveza de las palabras y su hermosura y sutileza, le pregunté un día si le daba Dios aquellas palabras que tanto comprendían y adornaban, y me respondió: "Hija, unas veces me las daba Dios, y otras las buscaba yo" (BMC 10, p.325].


9.- De la especie de presión ejercida sobre el Santo, en fuerza de esa misma admiración padecida, para que comentase sus poemas, ha quedado constancia en los prólogos de los comentarios o explicaciones: Subida, prólogo, n.9; en el título del Cántico, en ambas redacciones, se dice: "Declaración [...] a petición de la madre Ana de Jesús". Y en el mismo prólogo hay otra alusión: "...pues Vuestra Reverencia asilo ha querido"{US). En las dos redacciones de la Llama, prólogo, n.1, y ya en el mismo título, se dice: "Declaración [...] a petición de la señora doña Ana de Peñalosa".


10.- Otras obras menores, además de los poemas, tales como Las Cautelas, Avisos a un religioso, "Dichos de Luz y Amor", el diseño de El Monte son también de esos primeros años de la carrera de escritor de fray Juan. La lectura de esos escritos cortos no cansará a ningún lector que tenga algo de interés, aunque acaso las Cautelas le supongan algún tropiezo, que más adelante subsanará y entenderá perfectamente.


11- Contando con estos datos de la cronología, ya en mi edición primera de las Obras Completas de San Juan de la Cruz en 1957, puse por este orden los escritos del Santo:
"Poesías", "Dichos de Luz y Amor", "Cautelas", "Cuatro Avisos a un religioso", "El Monte de la Perfección", "Subida-Noche", "Cántico", "Llama", "Cartas", "Censura y parecer", "Ordenanzas".


12.- Esta disposición de los textos agradó a los lectores, y después otros editores la han seguido en las ediciones españolas y extranjeras. Así he continuado haciéndolo en las otras cuatro ediciones y así aparecerá en la sexta que está ya en prensa.
Eulogio Pacho editor y gran conocedor de todo el universo de lo sanjuanista, opinaba: "La edición manual del P. José Vicente, aparecida en 1957, significa un laudable esfuerzo por mejorar el texto circulante, cosa que se consigue en no pocas lecturas nuevas; presenta, además, una innovación en el orden de los escritos: preceden las poesías y las obras menores a los grandes tratados, cerrándose la edición con el epistolario y documentos complementarios. La disposición obedece a un criterio prevalentemente cronológico".


13.- Creo honradamente que así se obvian, sin otras componendas ni dialécticas mentales, las dificultades que esos eventuales lectores puedan encontrar al hallarse de buenas a primeras con la Subida del Monte Carmelo, que parece que mete tanto miedo, y no digamos la Noche. Con aquel orden en la presentación de las Obras, decíamos en 1957, "el lector se verá en la dulce precisión de pedir por su cuenta al Santo que le explique también a él las canciones y le descubra la vitalidad concentrada en esos avisos y sentencias".
Con esa disposición de los escritos, respetando lo más posible la cronología [en cuanto sabemos) con las normas o comentarios y ayudas que suelen ponerse en las ediciones, creo que no habrá dificultades sobreañadidas a lo que ya tienen los escritos de Juan de la Cruz de difíciles por su propia naturaleza. Naturalmente que no se obliga a nadie a seguir ese orden en la lectura, pero ése desde luego es el más fácil y conveniente.


14.- Para terminar, quiero transcribir un texto de don Baldomero Jiménez Duque, buen conocedor y admirador de san Juan de la Cruz, que publicó en 1991 lo que opinaba sobre esta misma materia: "No olvidemos sus escritos menores: dictámenes, cautelas, avisos, cartas, "Dichos de Luz y Amor". En las cartas y en los dichos hay perlas bellísimas de fondo y de forma, que nos dicen de la garra intelectual y espiritual y literaria de aquel "medio fraile". Por estos escritos breves y preciosos conviene empezar su lectura. La "Oración de alma enamorada" es una joya espiritual y artística". Y vuelve a repetir: "Aconsejo otra vez: léase muy despacio, poco a poco, primero sus poemas, sus escritos pequeños, sus cartas. Medítense párrafos selectos de los escritos mayores. Luego, llega a gustar y encanta. Y sobre todo servirá de alimento espiritual. Llegará a ser para nosotros "una presencia": alguien que está vivo, cercano, con quien hablamos, que nos ve y le vemos, que nos oye y a quien oímos, que le sentimos... Surgirá una vivencia interpersonal entre él y nosotros".


* Fuente: RODRÍGUEZ, José Vicente, 100 Fichas sobre San Juan de la Cruz, para aprender y enseñar, Monte Carmelo, Burgos 2008, pp. 149-151